21 de junio de 2009

El riesgo de no hacer nada II

De nuevo, después de una temporada hablando sobre tipologías de riesgo, quería hacer una nueva reflexión sobre el riesgo de no hacer nada.

Imaginémonos que tenemos una carnicería en la calle principal de nuestro pueblo, el negocio va muy bien, y nos decimos con cierta lógica, qué mal puede pasar, si la carnicería va bien ahora, también irá bien dentro de 30 años. Ya nos hemos gastado dinero en reformar el local, fidelizar a la clientela… ya está todo hecho.

Para nuestra desgracia los hábitos de consumo cambian, la calle en la que estamos deja de ser comercial, abren centros comerciales en las afueras de nuestra ciudad, el personal que tenemos tiene unos salarios cada vez mayores que no nos permite ser competitivos frente a otras carnicerías de la zona… “Siempre lo hemos hecho así”, “somos los mejores”, “nunca nos equivocamos”…

¿Imposible que esto suceda? Más del 40% de las empresas que en 1979 formaban parte del Fortune 500 han desaparecido y otras han ido bajando posiciones año tras año como Xerox o Kodak. Enron era la 5ª compañía del mundo según esta prestigiosa lista en 2002, y General Motors (actualmente en bancarrota) figuraba también en quinto lugar en la lista de 2008.
Ojo, hay empresas que tienen más de 100 años y siguen siendo poderosas sin molestarse en innovar, pero la innovación es crítica para que las empresas sobrevivan, e innovar es lo que se pide a un emprendedor que quiere tener éxito.

Innovar no supone necesariamente romper con todos los moldes establecidos, pero ayuda. Lo primero que hay que hacer es adaptarse a los nuevos tiempos, aprovechar nuestras ventajas frente a la competencia (siempre tenemos alguna, y si no la tenemos estamos obligados a descubrirla o desapareceremos).

Algunos de mis amigos me dicen eso de innovar está muy bien, pero que a ellos no les afecta. Bien, tanto si trabajas por cuenta ajena, como si estás en busca de la independencia financiera tienes el deber de innovar si quieres minimizar el riesgo. Me explico. Tengo compañeros que recibieron oferta para trabajar en Iberdrola (la primera compañía eléctrica española y una de las más grandes del mundo) y cuando aceptaron me dijeron, “yo quiero trabajar en Bilbao, tranquilo, en una empresa grande…”. Bien, algunos de esos compañeros están hoy en Glasgow porque Iberdrola compró Scottish Power. Lo mismo pasaba hace 10 años con gente que iba a trabajar a la sede del Banco Bilbao Vizcaya y hoy están la mayoría en Madrid. El caso es que mañana Iberdrola puede ser comprada por una compañía china y que ésta disminuya la presencia en Bilbao, o que simplemente exista un accidente (esperemos que no suceda) que haga que Iberdrola desaparezca, o simplemente puede haber compañías que lo hagan mejor e Iberdrola empiece a perder posiciones y finalmente desaparezca.

En definitiva, cada uno de nosotros, queramos acercarnos a la independencia financiera, o queramos continuar en la carrera de la rata, estamos expuestos al riesgo si no hacemos nada, y si queremos conocer el futuro, lo mejor que podemos hacer es protagonizarlo (innovar).

No sé cómo será el mundo dentro de 10 años, esperemos que nuestra carnicería subsista.

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10 de mayo de 2009

El riesgo de lo altamente improbable – El cisne negro

Mario me regaló hace tres meses El Cisne Negro de Nassim Nicholas Taleb. Debo reconocer que no he sacado mucho tiempo para leerlo, y de momento voy por el tercer capítulo. En cualquier caso, hay reflexiones que me parecen interesantes y que me gustaría compartir aquí, antes de hacer un nuevo post con otras conclusiones que saque del libro.

El autor entre otras cosas explica que la lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. Por ejemplo, dice que si el atentado de las torres gemelas hubiera sido razonablemente concebible el día 10 de septiembre en teoría no se hubiera producido. Sin embargo, si una persona hubiera avisado el día anterior que éste hecho, seguramente le habrían tachado de loco y no se hubiera hecho nada. Algo parecido sucedió hace unas semanas en Italia cuando un profesor predijo que se iba a producir un terremoto y nadie le creyó, y sin embargo al de unos días efectivamente se produjo.

Otra de las cosas que comenta el autor hace referencia a cómo el Líbano fue una tierra de paz dentro de oriente próximo durante cientos de años, y que cuando empezó la guerra del Líbano, todo el mundo pensó que sería cuestión de días el que acabase y, sin embargo duró 17 años. Algo similar pasó en España en el 36, en Cuba en el año 1960…

Esto es aplicable a día de hoy. Nuestros políticos aventuraban el año pasado que no habría crisis financiera en España, posteriormente dijeron que la habría pero finalizaría en 2009, ahora dicen que en 2011, pero realmente nadie sabe cuándo puede acabar. Hay una frase que me gusta mucho, creo que es de Galbraith, que dice que hay dos tipos de economistas, aquellos que no saben predecir el futuro, y aquellos que no saben que no saben predecir el futuro. Dado que es más lo que no conocemos que lo que conocemos, es seguro que a la hora de predecir el futuro nos equivoquemos.

Si esto es así, ¿para qué preocuparme de gestionar mis riesgos? ¿para qué he hablado en post anteriores de riesgo de crédito, mercado, operacional…? Efectivamente, es más lo que no sabemos, que lo que sabemos, y existirán acontecimientos que nos obliguen a cambiar completamente nuestro negocio, sin embargo, el tomar las decisiones meditadamente, considerando los riesgos previsibles que podemos llegar a asumir nos ayudarán a dos cosas: que sepamos reaccionar mejor cuando suceda algo excepcional, y que mientras no suceda eso excepcional no tengamos sorpresas por cosas que podíamos haber previsto.

En definitiva, la gestión del riesgo es necesaria en cualquier negocio, pero eso no implica que no estemos asumiendo riesgos porque como dije en mi primer post “que toda la vida es riesgo, y los riesgos, riesgos son”.

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2 de mayo de 2009

Riesgo de concentración - ¿qué pasa con mis ventas si en mi barrio crece mucho la tasa de paro?

Posibilidad de que nuestra carnicería incurra en pérdidas de valor como consecuencia de que nuestra inversión está centrada en un sector, área geográfica, o clientes concretos que nos suponga una excesiva dependencia.

Este riesgo tiene que ver con el dicho “no poner todos los huevos en la misma cesta” porque si se cae la cesta y se rompe, evidentemente nos quedamos sin huevos. Este riesgo se da en todas las áreas de la empresa y su gestión, aunque a primera vista podría parecer sencilla, es muy difícil de realizar. Pongamos ejemplos de riesgo de concentración en nuestra carnicería:
  1. Tenemos una carnicería en un barrio que ha crecido mucho gracias a la construcción, y el negocio va viento en popa. De repente, estalla la crisis y nos encontramos que la tasa de paro en nuestro barrio se dispara hasta el 30% y la gente deja de comprar en la carnicería, o cambia sus preferencias de compra hacia productos más baratos, o comercios más asequibles. Esto es un riesgo de concentración geográfica.
  2. Nuestro principal cliente es un restaurante que supone el 50% de nuestra facturación. En este caso tenemos concentración en clientes.
  3. Toda la carne que vendemos en la carnicería se la compramos a un proveedor que nos da un excelente servicio, pero que debido a la crisis se ha visto obligado a cerrar. Riesgo de concentración de proveedores.
  4. Hay muchos ejemplos más, riesgo de concentración en inversiones (invierto todo mi dinero en un negocio), sectores industriales (sólo invierto mi dinero en promotores inmobiliarios), recursos humanos (determinadas personas de mi organización son claves y la falta de alguno de ellos puede poner en peligro mi empresa)…

Gestionar este riesgo es complejo, porque podemos estar concentrados en muchos aspectos del negocio, y en ocasiones no es fácil cambiarlo (por ejemplo, las cajas en los últimos años han concentrado gran parte de su negocio en el sector de promoción inmobiliaria, y es complicado de la noche a la mañana salir del negocio, lo mismo que si el 100% de tus ventas son al sector de automoción comenzar a vender tu producto a otros sectores es complejo).

Para gestionar el riesgo deberemos valorarlo y tomar la decisión de asumirlo, externalizarlo o mitigarlo.
  1. Mitigarlo: reducir la concentración, buscar nuevos clientes, dirigirnos a nuevos mercados, nuevos sectores, nuevas inversiones…
  2. Externalizarlo: este es un riesgo que es difícil de externalizar, ya que forma parte de nuestro propio negocio. Si estamos muy concentrados en una inversión en un sector podemos comprar, por ejemplo, un seguro que en caso de que quiebre una empresa del sector recibas un dinero a cambio, pero no es algo sencillo, y no implica que reduzcas el riesgo.
  3. Asumirlo: Como siempre es posible asumirlo, pero desde el conocimiento y tratando de tomar decisiones que te permitan salir del negocio a tiempo en el caso en que veas que la concentración pueda poner en riesgo a la empresa.

En el caso de las Entidades Financieras, el Banco de España tiene articulada una normativa que impide a las Entidades prestar más de un 20% de sus recursos propios a un único grupo, o que los “n” mayores riesgos supongan más del 800% de sus recursos propios. Esta normativa pretende evitar que las entidades tengan una alta concentración individual en clientes que haga que la quiebra de un cliente, conlleve la quiebra de la Entidad Financiera. Lamentablemente, la normativa no contemplaba directamente (aunque desde 2008 sí indirectamente) penalizaciones para las entidades muy concentradas en determinados sectores (por ejemplo los promotores inmobiliarios) y esta concentración sectorial es la que supondrá, entre otros motivos, el que algunas entidades financieras tengan problemas importantes de solvencia.

Por tanto, en el camino hacia la independencia financiera es importante que los ingresos pasivos que aspiramos a obtener provengan en la medida de lo posible de diferentes sectores, regiones y/o países… para que se nos pueda romper un huevo, pero no la cesta entera.

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23 de marzo de 2009

Riesgo estratégico - ¿Funcionará la venta de productos precocinados en mi carnicería?

El riesgo estratégico puede definirse como la posibilidad de que nuestra carnicería incurra en pérdidas como consecuencia de la toma de decisiones estratégicas erróneas (aquellas decisiones que supongan un nivel de inversión que puedan modificar notablemente la situación de mi empresa), o de la evolución adversa de los escenarios que sustentan dichas estrategias.

Supongamos que hemos hecho un estudio de mercado que nos muestra que el público objetivo de nuestra carnicería aceptaría con gran interés productos precocinados. Animados por este estudio llevamos a cabo una fuerte inversión en un obrador, maquinaria especializada, cámaras frigoríficas y demás requisitos necesarios establecidos por las áreas de sanidad de nuestro ayuntamiento, comunidad autónoma…

Sin embargo, una vez iniciada la comercialización vemos que nuestras expectativas no se cumplen (por que el estudio no se realizó de manera correcta o porque por ejemplo, un competidor nuestro ha abierto un local especializado que ofrece mayor variedad que el nuestro).

Por suerte, las decisiones estratégicas no se toman todos los días en las empresas (sino serían decisiones operativas), pero su impacto es determinante en la evolución de las mismas. Por ello la gestión del riesgo estratégico es vital.

Antes de seguir conviene matizar que el riesgo estratégico no sólo hace referencia a las decisiones tomadas, sino también a las decisiones no tomadas que pueden afectar al negocio de la empresa. Por ejemplo, un cambio legal que obligue a los bares a prohibir fumar en los mismos, o en su defecto, prohibir la entrada de menores, puede convertirse en una decisión estratégica (ya que puede cambiar el perfil de mi público objetivo, y puede suponer el acometer inversiones importantes). Si yo tomo la decisión de seguir como hasta ahora (es decir no hacer nada), puedo tener una sanción administrativa que me obligue a cerrar, o si tomo la decisión de no permitir la entrada a menores, y mi público objetivo son matrimonios jóvenes con niños pequeños, me puedo ver obligado a cerrar.

Como todos los riesgos tenemos tres alternativas: mitigarlo, asumirlo o externalizarlo.
  1. Externalizarlo: En ocasiones las grandes empresas encargan estudios estratégicos a consultoras de renombre, para descargar en estos expertos la toma de las decisiones estratégicas. De la misma manera, las PyMes pueden encargar a consultoras locales estudios sobre la conveniencia o no de tomar una decisión.
  2. Mitigarlo: Establecer procedimientos para la toma de decisiones estratégicas. Obligatoriedad para la toma de estas decisiones de realizar estudios de impacto-beneficio, considerando todas las variables y riesgos inherentes a la decisión, y establecer planes de contingencia o salida en caso de que los planes no salgan como está previsto.
  3. Asumirlo: tomar las decisiones con la mejor información disponible, asumiendo que la empresa se enfrenta a una decisión que puede cambiar completamente el rumbo de la empresa.

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16 de marzo de 2009

Riesgo de negocio - ¿Dejarán mis clientes de comprarme por la apertura del nuevo centro comercial?

Podemos definir el riesgo de negocio como la posibilidad de que nuestra carnicería tenga pérdidas de valor porque pierda la posición actual en su ámbito de referencia (por ejemplo, abre un centro comercial en las cercanías de mi localidad, y pierdo a la mitad de mi clientela).

Por suerte la competencia en cualquier negocio existe. Gracias a ella se mejoran los productos, la calidad de los servicios y los precios de acceso a los mismos. Sin embargo, para el propietario de nuestra carnicería la competencia también es un quebradero de cabeza.

¿Cómo puedo gestionar el riesgo de que otros abran sus negocios cerca del mío haciéndome perder clientela? En otros post he comentado que la gestión de los riesgos pasa por asumirlos, mitigarlos o externalizarlos. En este caso, no es posible externalizar el riesgo ya que nuestro negocio es el factor diferencial con el que contamos, por lo que no es posible externalizarlo, y no podemos contratar un seguro “anticompetencia”.

Así que lo que tenemos que hacer es asumirlo. Sencillamente, debemos ser mejor que nuestra competencia en aquello que nuestro público objetivo valore. Gestionar este riesgo implica ser conscientes de las novedades que hay en nuestro negocio, de los cambios en los comportamientos de los consumidores (por ejemplo tendencia hacia platos precocinados, o hacia productos bajos en grasa…).

El riesgo de negocio es el principal elemento por el que ganamos dinero, por el que podemos salir adelante. Así que debemos ser los mejores para sobrevivir y para ser rentables.

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7 de marzo de 2009

¿Qué es el capital económico? ¿y el capital regulatorio?

En los post anteriores he explicado algunos conceptos de riesgo tal y como se conocen en el entorno bancario (crédito, mercado, operacional, liquidez…), si bien como ya he explicado son riesgos que afectan a todas las empresas y personas.

Dada la importancia del sistema financiero para el desarrollo económico, se formaron a partir de la segunda mitad del siglo XX diferentes organismos internacionales cuyo objetivo era fortalecerlo. De una de estas instituciones surgieron los acuerdos de Basilea para mejorar la gestión de los riesgos y la adecuación del capital de los bancos. Voy a tratar de poner un ejemplo sencillo, y después trataré de explicar la importancia de tener un capital suficiente para cualquier empresa e individuo.

Imaginémonos que queremos ir de viaje las próximas vacaciones a Tailandia con nuestra pareja durante 10 días. Lo primero que haremos será hacer un presupuesto, por ejemplo:
  1. Gastos de viaje – 1.400 euros
  2. Alojamiento – 600 euros
  3. Manutención – 50 euros por día – 500 euros
  4. Regalos y varios - 500 euros.
Por tanto, de acuerdo a este presupuesto nos vamos a gastar 3.000 euros. Si en vez de personas fuéramos una empresa, a esto lo llamaríamos “pérdidas (o gastos)” altamente probables y por tanto lo provisionaríamos (en inglés a esto lo llamaremos Expected Losses o Pérdidas Probables).

Una vez en el viaje, tenemos la posibilidad de comprar un collar de perlas que es una ilusión que hemos tenido siempre y que cuesta 1.000 euros, o tenemos un pequeño problema físico que conlleva hospitalización y nos supone un coste médico de 1.000 euros. Estas pérdidas no las teníamos previstas (las llamaremos Unexpected Losses o Pérdidas improbables).

La enfermedad que hemos contraído es más importante de lo que pensábamos y no nos la pueden tratar en Tailandia. Tenemos que fletar un avión medicalizado para que nos traiga de vuelta a España y nos cuesta 30.000 euros (importe que no nos podemos permitir). A estas pérdidas las llamaremos Severe Losses o Pérdidas Severas.

Bien, en banca el Nuevo Acuerdo de Basilea II, marca unos criterios para el cálculo del capital regulatorio que define cuál tiene que ser el capital (fondos propios) que tienen que tener las entidades para poder afrontar las Unexpected Losses. Las Expected Losses forman parte de nuestro día a día, las estimaremos, y las provisionaremos. Las Unexpected Losses son sucesos de baja probabilidad, pero que es posible que sucedan, y para su cobertura tenemos que tener capital suficiente (es decir, cuando viajamos al extranjero tenemos siempre un remanente un dinero propio para pagar algún imprevisto, o podemos tener una tarjeta de crédito para afrontar estos gastos). Pero en ocasiones muy remotas hay eventos que son tan improbables que nos hacen quebrar (Severe Losses).

El capital regulatorio marca a los bancos unas pautas o reglas sobre cuál tiene que ser su capital mínimo (y por tanto su nivel de apalancamiento). Éste no tiene por qué ser igual al capital económico, que sería el capital que cada entidad de acuerdo a sus características debería tener para poder afrontar esas pérdidas inesperadas.

En el caso de las empresas no financieras y de los ciudadanos, no hacemos ningún tipo de medición de cuál debe ser ese capital mínimo para poder soportar unas pérdidas inesperadas, que nos hagan cerrar la empresa o que nos supongan ir a la suspensión de pagos.

Por ello, toda la medición de riesgos que he mencionado en los post anteriores debe también acompañarse de una adecuada gestión de capital. A más riesgo asumido (no mitigado, o externalizado) debería tener más capital (fondos propios) porque la probabilidad de que haya pérdidas inesperadas será mayor (si me voy de viaje a Irak, mayor riesgo, tengo más probabilidad de tener pérdidas inesperadas, que si me voy a un balneario a La Rioja).

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16 de febrero de 2009

El riesgo de no hacer nada

Hoy, en lugar de hablar de un riesgo concreto, y a petición de Jaizki voy a hablar sobre el riesgo de no hacer nada. Como ya he comentado en más de una ocasión “toda la vida es riesgo y los riesgos, riesgos son”, y “el riesgo ni se crea ni se destruye, se transforma”. Trataré de explicarme.

A mi me gusta hacer viajes de los denominados “exóticos” y cuando lamentablemente hace dos años unos turistas murieron en Yemen, un amigo me dijo “a ver si te das cuenta que a esos sitios no hay que ir”. Mi amigo Jorge parte del concepto que uno corre más riesgo estando en un país como Yemen que si por ejemplo estás en Nueva York, y probablemente el índice de actos violentos por habitante en este segundo lugar es muchísimo mayor que en el primero. No voy a entrar a valorar si en uno u en otro hay mayor riesgo, pero desconocemos más la realidad de Yemen que la de Nueva York (que vemos continuamente en películas) por lo que lo asociamos a mayor incertidumbre y mayor riesgo.

Si lo trasladamos al mundo de los negocios, nuestro entorno nos ha enseñado a tener un trabajo por cuenta ajena, comprar una casa en propiedad, tener el dinero metido en el banco… porque son los elementos de “certidumbre” que nos hacen sentir seguros. Sin embargo, recientemente hemos visto que las premisas “el precio de los pisos nunca ha bajado”, o “el dinero en el banco está seguro” ya no son tan válidas como antes.

Frente a esto, hay gente que realiza inversiones en distintos tipos de negocios y algunos les llamamos locos, porque se alejan de lo establecido, y por lo tanto de la “certidumbre”. Sin embargo, estos últimos si cuando montan el negocio estudian bien el sector, los riesgos inherentes al mismo, y realizan una gestión adecuada seguro que tienen menos riesgo que los primeros.

Cuando yo voy de viaje a un país de los denominados “del tercer mundo” me informo de las zonas problemáticas, de las vacunas que me tengo que dar… Sin embargo, hay gente que se va de vacaciones a un país desarrollado y no toma ninguna precaución porque lo supone seguro.

En cierta ocasión una madre le dijo a uno de sus dos hijos (con empleo estable por cuenta ajena) – hijo, cuando yo falte cuida de tu hermano, que no duerma debajo de un puente. A lo que el otro hermano (un díscolo metido en mil negocios) respondió – madre, tiene más riesgo mi hermano que yo. Él depende de su sueldo, y si le echan no tendrá dinero para pagar la casa y sus gastos. Sin embargo yo tengo muchos negocios, y si alguno va mal otro irá bien, y adapto mis gastos a lo que tengo.

En definitiva, el que hace lo que hace todo el mundo también tiene riesgos, y seguramente más que alguien que se sale de los convencionalismos porque éste último gestiona el riesgo.

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10 de febrero de 2009

Riesgo reputacional - ¿Qué pasa si un cliente ve cucarachas en mi carnicería?

Podemos definir el riesgo reputacional como la posibilidad de que nuestra carnicería incurra en pérdidas de valor como consecuencia de un deterioro en la percepción de nuestros clientes o proveedores tienen de nosotros. Este deterioro en la imagen puede deberse a causas reales (por ejemplo, un cliente ha visto cucarachas en nuestro local, lo cuenta y pierdo clientes) o ficticias (aunque no existan esas cucarachas, alguna persona se ha dedicado a extender bulos sobre nuestro local).

Este es uno de los riesgos más difíciles de gestionar y es la causa del cierre de muchas empresas. Algunos ejemplos:
  1. El pasado año el Banco de Inglaterra anunció que el banco Northern Rock había solicitado una línea especial de financiación. En pocas horas la gente fue en masa a ese banco formando colas para retirar el dinero. El banco era económicamente solvente, pero cualquier entidad financiera minorista tiene sus activos invertidos a largo plazo (hipotecas) financiados con pasivos a corto y medio plazo (depósitos de los clientes y de otras entidades de crédito), por lo que tuvo que ser rescatada por el gobierno para que la gente se calmase.

  2. Una noticia que afortunadamente no se ha divulgado mucho sucedió poco después en España. Un aldeano oyó en la radio que una entidad financiera había quebrado. El aldeano entendió que las siglas de la entidad quebrada eran las de su Caja de Ahorros, y fue corriendo al pueblo a contar lo sucedido, y todo el pueblo fue a la sucursal a sacar su dinero. La caja en cuestión estuvo dos días mandando furgones blindados a ese pueblo para que todo el mundo pudiera recuperar su dinero, y no se extendiese la noticia que sí podría haber supuesto su cierre.

  3. Otros casos que tienen un impacto reputacional claro, son el caso Madoff (el Banco Santander ha anunciado que se hará cargo de las pérdidas de sus clientes minoristas), los bulos que aparecen de vez en cuando sobre el contenido de las hamburguesas de Mcdonald’s, o la calidad de ciertos restaurantes…

Como vemos, las causas de este riesgo, pueden ser reales o ficticias, por lo que su gestión es muy compleja, y estimar las pérdidas que puede ocasionar también es muy difícil.

Para mitigarlo lo mejor es hacer las cosas bien, tener nuestra carnicería limpia, atender muy bien a los clientes, dar un excelente género, pero esto no nos libra de que alguien extienda un bulo sobre nuestra carnicería. Externalizarlo es también complejo, por lo que nos queda únicamente asumirlo.

Recordemos que un cliente satisfecho se lo dirá a 7 personas, un cliente insatisfecho se lo dirá a 7 veces 7. El riesgo reputacional es precisamente esto, es imprescindible mantener a los clientes satisfechos, porque de ello depende el buen fin de nuestro negocio.

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4 de febrero de 2009

Cobertura de riesgos - ¿debo contratar un seguro? ¿cómo puedo asegurar el precio del cerdo?

Después de haber tratado en los últimos post los principales riesgos a los que se enfrenta nuestra carnicería (crédito, mercado, operacional, legal, liquidez) voy a tratar de dar unas nociones sobre el concepto de cobertura del riesgo.

En todos los riesgos que he descrito anteriormente he comentado que existen siempre tres alternativas de gestión: asumirlo, mitigarlo o externalizarlo (asegurarlo). Será de esta tercera alternativa de gestión de la que hablaré a continuación.

Comencé esta serie de artículos sobre riesgos parafraseando a Calderón diciendo aquello de “toda la vida es riesgo y los riesgos, riesgos son”, hoy aporto una nueva frase “el riesgo ni se crea, ni se destruye, se transforma”.

En ocasiones, oímos en los medios de comunicación económicos, o cuando vamos a nuestro banco cosas como “este producto no tiene ningún riesgo, es seguro”, y los que nos dedicamos al mundo financiero en el día a día oímos frases como “esto es una cobertura perfecta”, “tenemos el riesgo cubierto”… Lamentablemente ya definimos el riesgo como incertidumbre, y por suerte o por desgracia no hay nada cierto en esta vida.

Pongamos un par de ejemplos:
  1. Queremos asegurar nuestra carnicería frente al riesgo de incendio, robo… (riesgo operacional) y para ello vamos a una correduría de seguros a contratar una póliza de seguros multiriesgo que nos cubra las contingencias mencionadas anteriormente. Pagamos una prima de x euros, lo que nos permite dormir tranquilos porque ya no vamos a tener problemas en caso de incendio, robo…
    Al de un mes de tener la póliza sufrimos el incendio de nuestra carnicería. Se ha producido un evento de riesgo operacional (el incendio), pero la aseguradora nos pagará los daños. Sin embargo, tenemos que cerrar la carnicería durante 3 meses, con las consiguientes pérdidas económicas que esto nos supone. Es decir, cuando medimos nuestro riesgo, una vez cubierto es posible que no estemos cubriendo el 100% de las pérdidas que ese evento nos produciría.

    En lugar de un incendio, se ha producido un robo. Presento la denuncia a la aseguradora, y la aseguradora se declara en suspensión de pagos. Efectivamente había cubierto un riesgo operacional, pero me ha surgido un nuevo riesgo (riesgo de crédito). “El riesgo ni se crea, ni se destruye, se transforma”

  2. Queremos tener estable el precio de nuestra materia prima, la carne de cerdo. Para ello contratamos un seguro sobre el precio del cerdo con nuestro banco. El precio del cerdo baja mucho (riesgo de mercado), y nuestro derivado comienza a tener valor. Voy al banco a cobrar lo que me corresponde, el banco ha quebrado y no cobro (riesgo de crédito).

    No necesariamente todos los riesgos asegurados, se convierten en riesgo de crédito. En nuestro día a día, podemos tener pérdidas cubiertas por el seguro, pero no efectuamos correctamente los procedimientos establecidos por el seguro (riesgo operacional), y esto nos supone que no cobremos en caso de que se produzca el riesgo.

¿Significa esto que no debemos cubrir nuestros riesgos? En absoluto, pero debemos ser conscientes que cuando cubrimos un riesgo lo debemos hacer con entidades solventes, sabiendo que estamos asumiendo nuevos riesgos, y conociendo lo que supondría para nosotros el que se produjera un evento de riesgo.

Por eso, si alguien os dice que montar un negocio tiene mucho riesgo o que estáis locos, le podéis decir que por desgracia no hay nada seguro al 100%, que él también tiene riesgos y que probablemente no es consciente de ellos, porque “toda la vida es riesgo y los riesgos, riesgos son”.

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26 de enero de 2009

Riesgo legal - ¿Tendré una inspección de hacienda? ¿las nuevas exigencias legales me obligarán a reformar mi local?

Podríamos definir el riesgo legal como la posibilidad de que nuestra carnicería incurra en pérdidas como consecuencia de cambios legales (una ley que exija una cámara frigorífica con unas determinadas características que la mía no cumple), o el incumplimiento de alguna normativa legal vigente (por desconocimiento, no cumplo con una normativa sobre manipulación de alimentos y me imponen una sanción).

Algunos ejemplos de pérdidas conocidas son:

  1. La reforma de la ley antitabaco supuso que muchos establecimientos públicos tuvieran que habilitar zonas para fumadores y no fumadores, con la consiguiente inversión. Con el añadido de que es posible de que una nueva ley prohíba fumar en estos locales lo que implicaría que la inversión no ha servido para nada.

  2. Las leyes lingüísticas de las diferentes comunidades autónomas españolas que van obligando al etiquetado de productos en la lengua regional, o la posibilidad del uso de la misma en la atención a los clientes, pueden suponer una inversión de dinero sin que vaya a obtener ningún beneficio por ello.

  3. La reciente reforma contable (nuevo plan general de contabilidad) que adapta parcialmente la normativa española a las normas internacionales de contabilidad, ha supuesto una inversión importante para las empresas en programas informáticos y formación, sin que exista ningún beneficio directo en el caso de pequeños negocios.

  4. El hecho de tener una inspección de hacienda en mi carnicería sería un riesgo fiscal. En muchas ocasiones, sin ser conscientes necesariamente de ello, podemos estar incurriendo en faltas fiscales que en caso de inspección nos pueden suponer un grave perjuicio económico.

En definitiva, los cambios legales o el incumplimiento normativo, pueden suponer pérdidas relevantes que obliguen a cerrar a nuestra carnicería, o a asumir gastos que no se van a traducir en mayores beneficios.

La gestión del riesgo legal es muy compleja ya que por desgracia depende del pie con el que se levanten ese día los políticos, y en ocasiones somos incapaces de conocer y cumplir toda la normativa que es aplicable a nuestro negocio.

En general, las empresas grandes son capaces de influir en la regulación, y en el caso de las empresas pequeñas y autónomos tratan de hacerlo, con mayor o menor éxito, a través de grupos de presión como la patronal, o asociaciones de comerciantes.

Como en otros riesgos, la gestión del riesgo legal implica asumirlo (es lo que hacen la mayoría de las empresas, y en sí mismo no es malo, pero deben ser conscientes de los riesgos que corren), externalizarlo (traspasar a otro el riesgo) o mitigarlo (llevar a cabo procedimientos que permitan reducir su probabilidad o impacto).

  1. Externalizarlo: una posibilidad para estar al tanto de los cambios normativos es contratar los servicios de una asesoría legal especializada en nuestro sector (en nuestro caso la carnicería), o pertenecer a una asociación de profesionales. Esto nos ayuda a conocer los cambios normativos, y por tanto a reducir el riesgo de incumplimiento. Lo mismo sucedería si contratamos una asesoría fiscal.

  2. Mitigarlo: tener una persona en plantilla dedicada a la revisión de normativa puede ser una alternativa si la empresa tiene un tamaño suficientemente grande.

Por último, señalar que de cara a plantear una inversión en cualquier país, es muy importante que exista estabilidad normativa. A mayor inestabilidad normativa, mayores posibilidades de incurrir en pérdidas por cambios legales. En este contexto, la existencia cada vez más en España de 17 marcos legales no ayuda a la estabilidad, ni a la realización de inversiones, y en determinados países latinoamericanos, las alternancias de gobierno, o las imposiciones semidictatoriales tampoco.

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22 de enero de 2009

Riesgo de crédito – Cuando no existe financiación

La semana pasada leí un artículo en The Economist llamado “The Layaway way” que explica lo que están haciendo algunas compañías estadounidenses para asegurar el cobro por la venta de productos o la prestación de servicios.

Realmente no es algo novedoso, y es perfectamente aplicable en economías en las que no se tiene acceso al crédito (lamentablemente en la situación actual en cualquier parte del mundo existe restricción al crédito). En lugar de que la empresa financie al cliente, es el cliente el que va ahorrando para hacer frente al coste del producto, y si finalmente no lo compra se le devuelve el dinero, pero no se le da el producto hasta que ha acabado de pagarlo.

En la postguerra española y hasta los años 60 era una práctica muy habitual para la compra por ejemplo de joyería. La gente iba a la joyería daba 20 ó 50 pesetas y le sellaban una cartilla. Al de unos meses se iba a la joyería y se compraba el artículo deseado. De esta manera el comercio aseguraba el cobro y los clientes que no podían acceder a financiación iban ahorrando para la compra del artículo.

Lo que me sorprende del artículo es que las compañías cobren por este servicio, cuando podría parecer desde nuestra óptica latina, que si estoy adelantando dinero, me deberían hacer un descuento especial a la hora de la compra. Por ejemplo, si vas pagando mes a mes una televisión, al de 6 meses, la tele que elijas te sale un 10% más barata.

Si tal y como anuncian algunos economistas estamos ya en deflación, esta forma de pago puede resultar especialmente interesante para los clientes.

La lección es que el pasado nos puede ayudar a enfrentar con imaginación la gestión de riesgos en el entorno actual, y como dije en mi post anterior sobre riesgo de crédito, lo importante no es vender sino cobrar.

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12 de enero de 2009

Riesgo de liquidez - ¿Podré atender el pago de la nómina de mis empleados? ¿Podré vender mi vieja casa para pagar la nueva?

El riesgo de liquidez podría definirse como las pérdidas que nuestra carnicería pueda sufrir como consecuencia de no poder atender los compromisos de pago con terceros, como consecuencia del desfase entre las deudas a pagar inmediatas y los cobros esperados a medio/largo plazo.

Pongamos el caso de que nuestra carnicería ha comenzado a vender mucha cantidad de género a restaurantes, y éstos me dicen que me pagarán al cabo de 90 días. Sin embargo, mi proveedor de carne en el matadero me exige el pago al contado. En estas circunstancias, si no tengo un dinero disponible para atender los pagos del corto plazo (nóminas de empleados, recibos de luz, agua, gas…) puedo ir a pedir un préstamo al banco para que financie mi circulante (las deudas que mis clientes tienen conmigo a corto plazo) y en caso de que me lo denieguen tendré un problema de falta de liquidez y podré incurrir en una suspensión de pagos.

La falta de liquidez es uno de los problemas principales de la crisis económica que vivimos actualmente. Los bancos han prestado mucho dinero a las familias mediante hipotecas pagaderas generalmente a 30 años y para financiarse por un lado han lanzado emisiones de bonos entre 3 y 5 años, han captado depósitos de clientes con vencimientos a 1 ó 2 años, y sobre todo financiación interbancaria entre 1 día y 6 meses generalmente.

La quiebra de algunos bancos americanos y las dificultades en otros muchos americanos y europeos ha llevado a que los bancos no se fíen entre ellos, y que el Banco Central Europeo, la Reserva Federal Estadounidense y otros Bancos Centrales hayan dado liquidez absoluta a los bancos para que no suspendan pagos.

A su vez, los bancos han reducido los préstamos y líneas de crédito que conceden, ya que no tienen liquidez para prestar, al tener que ir pagando los depósitos de clientes y la financiación de bancos centrales y los vencimientos de los bonos emitidos.

En esta situación, nuestro banco habitual nos ha denegado el crédito y no hemos podido pagar la nómina de los empleados de nuestra carnicería, nos han cortado la luz y el teléfono y hemos tenido que cerrar 3 meses hasta que mis clientes han pagado la deuda que tenían conmigo.

Muchos de los resonados problemas empresariales de los últimos años se han debido no a problemas patrimoniales (quiebras) que implican que las sociedades no tienen patrimonio, sino a problemas financieros de falta de liquidez, que implican que las sociedades sí tienen activos que valen dinero, pero no los pueden vender a corto plazo para satisfacer sus deudas y se ven obligadas a la suspensión de pagos, y en ocasiones al cierre de la actividad porque en la venta forzosa y rápida de esos activos no recuperan su verdadero valor.

¿Estamos expuestos como individuos al riesgo de liquidez? Sin lugar a dudas sí. Todos aquellos que hemos comprado una casa mediante una hipoteca tenemos una gran exposición a este riesgo. Tenemos un activo con un valor muy considerable, pero poco líquido (tardaríamos mucho en venderlo, salvo que lo hiciéramos a un precio muy bajo), y por otro lado tenemos que atender todos los meses el pago de la hipoteca. En el supuesto en el que un mes dejemos de tener ingresos (retrasos en la nómina, situación de paro…) no podemos atender el pago de nuestra hipoteca. No tenemos un problema patrimonial (el activo que tenemos en condiciones normales debería valer más que la deuda que tenemos contraída con el banco), pero sí de falta de liquidez. Este problema puede ocasionar la ejecución forzosa de la casa (la hipoteca) y que sea vendida a un precio muy reducido, lo que me generará un problema patrimonial ya que tendré pérdidas.

¿Cómo gestionar el riesgo de liquidez? Como todos los riesgos podemos externalizarlo, asumirlo o mitigarlo.
  1. La externalización supondría la contratación de una asesoría que nos llevase la gestión financiera, la gestión de cobros y pagos, las líneas de crédito con bancos…
  2. Para mitigarlo se pueden llevar a cabo diferentes acciones:
    1. En la medida de lo posible cobrando al contado o a plazos cortos. Cuanto más “cobrables” sean nuestros activos a corto plazo, mejor.
    2. Negociando con nuestros acreedores pagar las deudas a largo plazo, préstamos a largo plazo en lugar de a corto plazo harán que podamos atender mejor los vencimientos.
    3. La relación entre cobros y pagos y sus vencimientos debe ser en la medida de lo posible proporcional. Los activos (inversiones) a largo plazo debemos financiarlos con pasivos (financiación) a largo plazo, y los activos a corto plazo, podemos financiarlos con pasivos a corto o a largo.
    4. Tener planes de tesorería a corto plazo (saber qué pagos voy a tener en los próximos días) y planes anuales (prever mis necesidades de liquidez a largo plazo, y procurar gestionar mis financiaciones a largo plazo).
    5. Si tengo muchas necesidades de liquidez, tener abiertas líneas de crédito en varias entidades financieras me puede ayudar en tiempos de falta de liquidez como el actual.
  3. En cualquier caso, éste es un riesgo que debemos asumir, tener muy en cuenta y gestionarlo.

De hecho, los departamentos financieros de las PYMEs dedican una gran parte de su tiempo a la gestión de bancos (gestión de la liquidez a corto plazo). Llevan previsiones de tesorería que se cumplen más o menos, y descuentan efectos, letras, pagarés, facturas… para atender los pagos a corto plazo. Sin embargo, por desgracia, la mayoría de las empresas no se para a realizar planes de liquidez a medio / largo plazo porque la vorágine del día a día se lo impide. De nuevo, la asunción del riesgo no implica gestionarlo (gestión implica acción).

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7 de enero de 2009

Riesgo de mercado - ¿Subirá el precio del cerdo? ¿me subirá el interés de la hipoteca?

Podríamos definir el riesgo de mercado como la posibilidad de que nuestra carnicería incurra en pérdidas de valor como consecuencia de efectos adversos en los precios a los que está expuesta (por ejemplo, su materia prima).

Generalmente se tiene la falsa creencia que el riesgo de mercado es algo que sólo tiene la gente que invierte en bolsa, porque es algo que se suele asociar al precio de las acciones, pero nada más lejos de la realidad. El riesgo de mercado, al igual que riesgo de crédito o el operacional, es un riesgo que está en nuestro día a día.

Ejemplos de riesgo de mercado serían los siguientes:
  1. Suben los precios de mis materias primas, por ejemplo la carne de cerdo, y yo no tenía carne en la cámara frigorífica. Por tanto, tengo que comprar la carne más cara que un competidor que sí había comprado carne hace una semana, y por tanto puede venderla más barata. Ejemplos parecidos sucederían con el precio de cualquier materia prima como la gasolina, los alimentos…
  2. Bajan los precios de mis materias primas, y yo tengo carne en stock en el congelador. Mi competencia no se había abastecido, así que pueden vender más barato. Similar caso al anterior, pero en sentido contrario.
  3. Voy al banco y me ofrecen una hipoteca a tipo de interés variable referenciada al euribor mas un diferencial del 0,5%. Si suben los tipos de interés tendré que pagar una cantidad mayor cada mes. Es decir, estoy expuesto a las subidas de tipos.
  4. Decido aprovechar que el cambio del dólar es muy favorable (por ejemplo, pongámonos en agosto cuando el tipo de cambio estaba sobre 1,6EUR/USD) y planifico un viaje para noviembre. Cuando voy a Nueva York a realizar mis compras de navidad, el tipo de cambio es 1,3EUR/USD, un 20% más caro.

Existen distintos riesgos subyacentes al riesgo de mercado: precio de las acciones, tipos de interés, inflación, materias primas, spreads de crédito…

Lo principal para gestionar este tipo de riesgo es conocer en qué medida estamos expuestos al mismo, y tomar de nuevo decisiones de asumirlo, traspasarlo o mitigarlo. ¿Qué medidas podríamos tomar para reducir nuestro riesgo de mercado? Pongamos el caso de que suben o bajan los precios de mi materia prima (el cerdo).
  1. Traspasarlo: la mejor manera de gestionarlo, sería traspasar esas subidas y bajadas al cliente. Si sube el cerdo, subo el precio final, o si baja el precio del cerdo, disminuir lo que cobro a mis clientes. Pero esto a veces no resulta sencillo porque la gente no es indiferente al nivel de precios (haré algún día un post sobre precios y riesgo).
  2. Asegurarlo: contratar con mi banco un seguro sobre el precio del cerdo (aunque pueda parecer extraño existen mercados de futuros sobre prácticamente todas las materias primas). Esto me garantiza un precio medio garantizado del cerdo durante todo el año, por lo que yo podría seguir una política estable de precios, en lugar de tener que subir y bajar el precio final al cliente. Existen dos problemas: el primero es que el banco exige unos niveles altos de cobertura para acudir al mercado, y el precio puede ser alto; el segundo, es que una política estable de precios puede que no sea buena en función de qué haga la competencia.
  3. Asumirlo: Sé que por la naturaleza de mi actividad (la carnicería) mi principal riesgo es el precio del cerdo, es difícil gestionarlo. Estudio si existen periodos o ciclos en los que el cerdo es más barato o más caro, y me aprovisiono en los más convenientes. Asumo un riesgo, pero lo conozco y lo gestiono.

Aunque parezca mentira, todos aquellos de nosotros que hemos contratado una hipoteca a tipo de interés variable, consciente o inconscientemente, estamos especulando.

Imaginémonos que pedimos al banco una hipoteca a 30 años de 300.000 euros. En el banco nos dan dos alternativas, una hipoteca a tipo variable al Euribor 12 meses más un 0,50%, o una hipoteca a tipo de interés fijo al 5,5%. En el momento que contrato la hipoteca entre mi pareja y yo, tenemos un sueldo de 2.500 euros, y el Euribor 12 meses está al 2,5%.
  1. En el caso de tomar la hipoteca a tipo variable, la cuota inicial sería de 1.265 euros al mes.
  2. En el caso de tomar la hipoteca a tipo fijo, la cuota sería de 1.700 euros.

Al final del año nos han subido el sueldo de acuerdo al IPC oficial, el 3%, y ganamos 2.575 euros. Sin embargo, supongamos que los tipos variables han pasado del 2,5% al 5,5%. El pago mensual si tengo una hipoteca variable ha pasado a ser 1.800 euros mensuales (535 euros más al mes, y sólo gano 75 euros más). En el caso de la hipoteca a tipo fijo, sabemos que siempre vamos a contar con 800 euros al mes para gastar, mientras que en la hipoteca a tipo variable nuestro gasto mensual dependerá del precio del tipo de interés.

Quizás haya gente que no lo recuerde, pero en los años 80 y 90 los tipos estaban por encima del 10%.

Los bancos gestionan los riesgos de mercado cerrando las posiciones abiertas, es decir, si están expuestos a subidas de tipos de interés, mediante instrumentos financieros como los Interest Rate Swaps (permutas financieras) contratan la posición contraria con el objetivo de que no les afecten las subidas, ni las bajadas de los tipos de interés.

De nuevo, el riesgo de mercado está presente en todas nuestras acciones, y es importante saber qué subidas o bajadas de precios pueden llegar a afectar a nuestro negocio.

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29 de diciembre de 2008

Riesgo de crédito - ¿Me pagará mi cliente? ¿Recuperaré los depósitos que tengo en mi banco?

Podemos definir el riesgo de crédito como la posibilidad de que mi carnicería tenga pérdidas derivadas del incumplimiento de pago de algún cliente.

En condiciones normales la carnicería realiza sus ventas al contado, por lo que no existiría riesgo de crédito en las transacciones comerciales, pero es posible que ciertas ventas las fíe, o que haga servicios a restaurantes que me paguen a fin de mes. Si uno de estos clientes no me paga, le habré servido el género, con el coste que ello me ha supuesto, y sin embargo no habré recibido ningún dinero.

También he podido cobrar al contado y al final del día lo he llevado al banco. Ante mi sorpresa unos días después anuncian que mi entidad financiera ha quebrado, y no recuperaré mi dinero.

Parece fácil de entender este riesgo, pero no somos conscientes de que es un riesgo al que estamos expuestos a diario. Durante el mes, vamos devengando nuestro sueldo en la empresa en la que trabajamos, y cabe la posibilidad de que si la empresa quiebra no recibamos nuestro salario. Por tanto, como individuos tenemos riesgo de crédito con la empresa para la que trabajamos y con nuestros bancos en los que tenemos nuestro ahorro.

Hay diferentes conceptos que tenemos que tener en cuenta a la hora de medir el riesgo de crédito. A mi cliente (un restaurante) le he servido el pedido, y como en el pasado siempre me ha pagado, considero que la probabilidad de impago es muy reducida. Una vez me impaga tengo que ver cuál es mi exposición, el dinero que me debe (pueden ser varios pedidos). Por último, si el restaurante ha entrado en una situación concursal, es posible que recupere algo, porque cuando liquide el negocio obtenga algo de dinero con el que pagar parte de la deuda.

Por tanto, hemos visto que todos tenemos en mayor o menos medida riesgo de crédito, y que no necesariamente vamos a perder todo el dinero en caso de que no nos paguen.

Pero, ¿cómo gestiono el riesgo de crédito? Realmente vender es muy fácil, en el extremo si yo vendiera gratis mis productos seguro que tenía clientes. Vender y que no me paguen es como venderlo gratis, lo difícil, por tanto, no es vender sino cobrar.

El principal riesgo de los bancos es el riesgo de crédito y por ello lo gestionan muy bien. Cuando le van a vender dinero (carne en el caso de nuestra carnicería) le piden documentación sobre su capacidad de pago al cliente, una vez la analizan exigen una serie de garantías (hipotecas o avales personales) para realizar la venta. Posteriormente, le piden al cliente información periódica (en el caso de empresas) en el caso de que sigan necesitando el dinero (la carne).

En general la gestión de cualquier riesgo tiene tres posibilidades asumirlo (es lo que hacen la mayoría de las empresas, y en sí mismo no es malo, pero deben ser conscientes de los riesgos que corren), externalizarlo (traspasar a otro el riesgo) o mitigarlo (llevar a cabo procedimientos que permitan reducir su probabilidad o impacto).

Qué debemos hacer con nuestra carnicería para reducir el riesgo de crédito:
  1. Estudiar a nuestro cliente y su capacidad de pago y pedirle garantías o avales. Esto no es muy común en una carnicería.
  2. Ir a una compañía de seguros al comercio (tipo Cesce) que asegure nuestras ventas. En este caso la compañía pedirá información sobre nuestros clientes y aceptará o no las operaciones. Tampoco es común en la carnicería.
  3. Vender al contado. Si cobro al contado no tengo riesgo de crédito comercial (sí tendría riesgo al depositarlo en el banco). Esto es algo un poco más habitual.
  4. En caso de no tener garantías muy altas de que voy a cobrar, lo mejor es NO VENDER.
  5. No poner todos los huevos en la misma cesta, diversificar y poner límites. En caso de que decidamos asumir el riesgo, tenemos que evaluar el impacto de un posible impago. Si nuestro patrimonio es, por ejemplo, de 100.000 euros, no deberíamos tener un riesgo de crédito de 200.000 euros, porque en caso de que me impaguen yo también quebraría. Por ejemplo, me debería poner un límite del 20% de mi patrimonio en cada riesgo de crédito potencial.
  6. En el momento que exista algún retraso, hay que comenzar el seguimiento del riesgo, no darle más crédito hasta que regularice la situación (muchas veces los comerciales siguen vendiendo a un cliente que es insolvente y esto puede llevar a la ruina de la empresa), y tomar medidas para que pague, porque está en juego tu empresa o tu patrimonio personal.

Si como particular vas a alquilar un piso a otra persona, debes hacer exactamente lo mismo. Estudiar al arrendatario, pedirle su nómina, evaluar la antigüedad en la empresa, ver cuál parece su nivel de vida; exigirle garantías (avales, meses por adelantado…); y en caso de que exista algún retraso iniciar las acciones judiciales cuanto antes.

Los bancos lo tienen muy claro, y tienen unos sistemas de gestión del riesgo de crédito, sin embargo, las empresas no dedican tiempo a gestionar estos riesgos, y en ocasiones los impagos son los responsables de la desaparición de pequeñas y medianas empresas.

En definitiva, todos tenemos riesgo de crédito, lo cual no es malo, pero tenemos que saber qué impacto nos puede suponer un evento negativo, y tratar de minimizar su impacto.

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22 de diciembre de 2008

Riesgo Operacional - ¿Se cortará un dedo alguno de mis empleados? ¿Me servirán a tiempo los corderos para navidad?

Inicialmente, iba a comenzar esta serie de post hablando sobre el riesgo de crédito que es probablemente el que más afecte en el día a día a las empresas, pero dado que el otro día expliqué el caso Madoff, voy a comenzar por un riesgo que está en el día a día de nuestras actividades, muy amplio y por tanto muy difícil de gestionar.

Podemos definir el riesgo operacional como la posibilidad de que nuestra carnicería incurra en pérdidas a causa de fallos o errores en los procesos (no he congelado la carne y se ha puesto mala), sistemas (me ha fallado el teléfono y no he podido hacer el pedido), o personal (un empleado se ha cortado un dedo), o como consecuencia de eventos externos (unos gamberros han puesto silicona en la cerradura, o me han robado).

Como veis la definición es muy amplia y abarca muchos aspectos de la vida cotidiana de cualquier empresa. El Riesgo operacional, es el riesgo más habitual en cualquier actividad comercial, voy a poner algunos ejemplos:

1. Fraude interno: un empleado de la carnicería roba dinero de la caja. Otros casos de fraude interno son utilizar datos de los clientes en beneficio propio, o de un amigo.

2. Fraude externo: un atraco en mi carnicería.

3. Seguridad en el trabajo: un empleado se corta un dedo con el cuchillo; o se resbala y se rompe una pierna.

4. Clientes, productos o prácticas empresariales: Me ponen una denuncia ante el organismo de defensa del consumidor por atender mal a un cliente, venderle un producto caducado o defectuoso…

5. Daños a activos materiales: hacen una pintada en la persiana de mi carnicería y tengo que arreglarlo; hay un incendio en el edificio y tengo que dejar la actividad.

6. Fallos en los sistemas: pierdo toda la contabilidad por un fallo en el ordenador y tengo una multa de hacienda; o no tengo teléfono durante dos semanas y tengo retrasos en los pedidos.

7. Ejecución de procesos: Al no limpiar todos los días el congelador (proceso establecido) se produce una acumulación de grasas que estropea el motor.

Como se puede apreciar los riesgos operacionales son muy diversos. En general, se producirán muchas pérdidas de pequeño importe cada día por errores en los procesos, no sacar la carne más antigua del congelador porque está más al fondo y es más incómodo, y al final no es posible venderla; fallos en el cobro a clientes (arqueo de caja)…, pero también existen riesgos importantes que pueden llevar a la quiebra del negocio, por ejemplo que se queme la carnicería.

Para gestionar el riesgo puedo hacer tres cosas mitigarlo (establecer procesos claros con visados que me garanticen que se han realizado), transmitirlo o externalizarlo (asegurar el local contra incendios tanto por la pérdida material como por las posibles pérdidas que pudieran surgir), asumirlo (en ocasiones formalizar un procedimiento me puede salir más caro que las pérdidas que me supone el riesgo). Ojo, no hacer nada también es asumir un riesgo, pero no estaría gestionado.

Lo principal es tener claros cuáles son los riesgos principales que pueden hacer peligrar mi negocio (el incendio, un robo de según qué magnitud, el fallecimiento o invalidez de algún empleado…) Estos riesgos tengo que conocerlos bien, y evaluar la conveniencia de traspasarlos a quien los pueda gestionar (asegurarlos). Los riesgos de segundo nivel, aquellos que pueden causarme pérdidas, pero no la quiebra del negocio, en general deberé mitigarlos estableciendo procesos claros (asignar a una persona para la limpieza de la cámara frigorífica todas las noches).

La gestión del riesgo operacional es algo relativamente novedoso en banca (que es el sector con mayor conocimiento en la gestión de riesgos), y con los nuevos acuerdos de Basilea (normativa bancaria internacional) las entidades se han visto obligadas a establecer marcos de control del riesgo operacional, que básicamente responden a tres preguntas:

1. ¿Qué ha pasado? Las entidades gestionan bases de datos en las que apuntan todas las pérdidas operacionales que se han producido. De esa manera saben la frecuencia con la que se producen y llevan a cabo planes de acción para reducir su frecuencia e impacto.

2. ¿Qué está pasando? Ponen alertas de control que les permitan anticiparse a posibles pérdidas. Por ejemplo, número de becarios en plantilla. Los becarios no conocen bien los procedimientos, y se producen mayores pérdidas en arqueos de caja cuando están ellos gestionando el cierre diario. En estos casos, se detecta un mayor riesgo, y se puede establecer un mayor control.

3. ¿Qué puede pasar? Estudiar en base a las pérdidas existentes, y a lo que ha pasado a otras entidades qué es lo que puede pasar. Por ejemplo, es posible que nunca haya tenido la entidad un incendio, y no sepa evaluar las pérdidas, pero puede que otra entidad sí haya tenido ese problema.

En definitiva, el riesgo operacional existe en todas las empresas, hay que tratar de conocer cuáles son los riesgos que pueden llevar a la quiebra de la empresa, y gestionarlos adecuadamente.

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19 de diciembre de 2008

Riesgo Operacional - El caso Madoff

Dadas las circunstancias voy a saltarme por hoy mi referencia a los riesgos en una carnicería, y voy a tratar de explicar qué ha pasado en el caso Madoff de manera sencilla.

Imaginémonos que voy a mi oficina del banco X, un gran banco internacional con trabajadores muy preparados.

- Buenos días, quisiera que me concedieran un préstamo de 100.000 euros para un negocio extraordinario que va a dar una rentabilidad del 10% anual – le comento al comercial del banco.

- Por supuesto, tome asiento. Dígame, ¿en qué consiste el negocio? – me pregunta amablemente.

- Ah no, eso no se lo puedo decir, es confidencial porque podrían copiarme la idea, pero le aseguro que es un negocio extraordinario que va a dar por lo menos un 10% anual – le contesto.

- Ya, pero me tendrá que decir de qué se trata para que podamos estudiar si realmente es tan bueno y le podemos dar el crédito que solicita.

- Lo lamento, pero es confidencial.

- Bueno – me contesta resignado el comercial – en ese caso, sería necesario que me dijera usted de qué garantías dispone, salario, hipoteca, aval de los padres…

- No, lo siento no tengo ni nómina, ni aval de ningún tipo, pero la idea es buenísima.

- Lo lamento, pero nuestro banco no le puede dar un préstamo en estas condiciones – me contesta el comercial mientras me muestra el camino de salida.


Ahora imaginémonos esta otra situación.

- Buenos días, soy Bernard Madoff, el megagurú de las finanzas y quiero ofrecerle la posibilidad de invertir X millones de euros en mi Hedge Fund que le garantiza rentabilidades mayores al 10%.

- Muchísimas gracias señor Madoff – responde el presidente del mismo gran banco del caso anterior – pero dígame, en qué tipo de activos invierte su fondo.

- Lo lamento querido amigo, pero eso es confidencial, pero le prometo una rentabilidad del 10%.

- Bueno, en ese caso, cuente con nuestro dinero.

En los dos casos una persona ha ido a una entidad financiera a pedir dinero sin ningún tipo de garantía, aval, y sin explicar cuáles son los planes de negocio que garantizan una rentabilidad tan alta, pero el trato en ambos casos es bien distinto.

¿Cómo gestionan las entidades financieras su inversión en Hedge Funds?

Las entidades financieras cuando invierten en Hedge Funds (fondos de inversión libre, que al contrario de lo que muchos piensan no deberían tener excesivo riesgo) hacen una “Due dilligence” (auditoría o check liste de cumplimiento de determinados parámetros) a los gestores del fondo. Este proceso se lleva a cabo para conocer la estrategia de inversión de estos fondos, su nivel de apalancamiento, las posibilidades de salir del fondo (liquidez)… Por desgracia, en los últimos años estos Hedge Fund han estado gestionados por gente que iba de “gurú” por la vida (me he encontrado a unos cuantos) y no te dicen cuál es su estrategia de inversión más que de manera general (para que nadie les copie, que para eso son gurús y quieren sacar pasta). Muy a mi pesar, las entidades han mirado más la rentabilidad que daban estos productos, que el riesgo que corrían (que podía no ser muy elevado, pero al no comprobar en detalle en qué están invirtiendo estos hedge fund, sí es elevado) y se han pegado algún que otro galletazo. Desde los departamentos de riesgos, se ha frenado la codicia desmedida de las entidades, pero por desgracia no siempre han tenido suficiente peso en las decisiones.

Las pérdidas que ha ocasionado el caso Madoff en distintas entidades financieras españolas es a mi juicio un caso de riesgo operacional. En primer lugar porque es un fraude externo, pero en segundo lugar probablemente ha existido un fallo en la ejecución de procesos.

Ojo, no demonicemos a los Hedge Fund, que como he dicho no necesariamente son productos de riesgo (de hecho en general no lo son), pidamos a los reguladores mayor transparencia en estos vehículos de inversión, y exijámosles auditorías por parte de empresas serias.

Yo nunca invertiría en algo que no conozco bien, porque más vale prevenir que curar, pero las entidades no han adoptado ese criterio y se la han pegado. Y esto es un caso más de la crisis que estamos viviendo. Algunas Entidades Financieras han comprado cosas que no entienden, en algunos casos a timadores, y en otros sin conocer los riesgos que implican y de aquellos polvos vinieron estos lodos.

En unos días hablaré de Riesgo Operacional, y daré una serie de orientaciones sobre cómo gestionar este riesgo.

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18 de diciembre de 2008

Toda la vida es riesgo y los riesgos, riesgos son

Llevo tiempo comentándole a Jaizki la posibilidad de escribir una serie de reflexiones sobre el concepto de riesgo, y me ha brindado la oportunidad de publicarlas en su blog. Trataré de realizar una serie de post exponiendo los distintos tipos de riesgos a los que nos enfrentamos, bien como individuos, bien desde nuestras empresas, y algunas orientaciones sobre la manera de gestionar los distintos tipos de riesgo.

La Real Academia Española nos dice que la palabra riesgo proviene del it. risico o rischio, y este del ár. clás. rizq, lo que depara la providencia. La incertidumbre es parte de la vida, y más en los tiempos que corren: “no sé si me despedirán”, “no sé si cobraré a fin de mes”, “no sé si mis clientes pagarán”, “no sé si perderé mis inversiones”…

Al ser humano, por naturaleza, no le gusta la incertidumbre, el riesgo, y trata de reducirlo, aunque lo haga de manera inconsciente. Compramos marcas porque nos dan “cierta” certeza de que el producto adquirido será bueno, durará…; dejamos nuestro dinero a nuestro banco de confianza y no a cualquier desconocido porque nos da de nuevo “cierta” seguridad de que recuperaremos nuestro dinero; seguimos rutinas por la necesidad de saber que las cosas “siempre se han hecho así” y funcionan. En definitiva, el ser humano es conservador por naturaleza y tiene aversión al riesgo, trata de moverse en entornos de seguridad y certidumbre aunque estos realmente nunca existan al 100%.

Pero entonces, ¿por qué hay gente que no sigue las reglas y asume riesgos? La aversión al riesgo no es igual para todos los individuos, y hay gente con mayor predisposición (de manera consciente o inconsciente) a asumir riesgos si recibe algo a cambio (no necesariamente material). Podemos arriesgarnos a tirarnos en paracaídas porque esperamos tener un subidón de adrenalina, con un riesgo más o menos controlado; podemos arriesgarnos a pedir para salir a la chica de nuestros sueños (gran recompensa si dice que sí), o no hacerlo porque nuestra aversión al fracaso es muy elevada; podemos invertir en bolsa en este momento de gran incertidumbre (con altas probabilidades de ganancia o pérdida), o mantener nuestro dinero debajo del colchón.

En los próximos post trataré de poner ejemplos sencillos de los diferentes riesgos a los que nos enfrentamos (los expertos los suelen llamar riesgo de crédito, de mercado, operacional…). Para ello voy a suponer que tenemos una carnicería, un negocio que será sencillo de entender para la mayoría de la gente, comprar carne, industrializarla y venderla al público. También explicaré cómo cada uno de estos riesgos está presente en nuestra vida diaria, de qué manera estamos expuestos, y de qué manera podemos “cubrirnos” de ellos.

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17 de diciembre de 2008

Bienvenido Iker

Después de mucho tiempo amenazando con ello, por fin, mi hermano Iker ha decidido sumarse a la plantilla de colaboradores de RichDadClub.es.

Iker ha trabajado más de siete años en Deloitte, primero como auditor y posteriormente como consultor. Su especialidad es el análisis y control de riesgos en entidades financieras. En 2002 puso en marcha dos empresas para gestión profesional de entidades deportivas que, por desgracia, no llegaron a buen puerto.

Aunque no cree para nada en las ideas de Kiyosaki, sus conocimientos de riesgos son muy aprovechables por cualquiera que quiera aprender a invertir. En RichDadClub hablará sobre todo de eso, de riesgos.

Bienvenido Iker.

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